Los regalos de fin de año: análisis de sus simbolismos
El cierre de todo ciclo tiene un contenido simbólico especial. Al final de una etapa, surgen las evaluaciones, el análisis de lo sucedido, la mirada retrospectiva, que es siempre un tanto crítica y no menos nostálgica.
¿Por qué la época de fin de año se impone como una instancia de examen? El cambio de año implica un salto en el presente. Un cambio de tipo lógico. Se pasa de una continuidad, de un universo a otro cualitativamente diferente. Para referirnos al presente, dejamos de hablar de 2009 para decir 2010. Esta modificación se nos hace tangible en el discurso cotidiano y es, por lo tanto, innegable. Vivimos una pequeña zona de transición, en el comienzo laboral del año, donde todavía no estamos acostumbrados y nos confundimos al llenar un formulario o al completar una carta. Pero esa tierra indiferenciada termina e indefectiblemente el año nuevo se impone. El cambio, entonces, resulta visible todos los días. Este hecho hace que el cierre de un año se nos presente como una realidad tangible. Y es esa tangibilidad la que nos conduce a las evaluaciones.
Los regalos también son símbolos. Expresan agradecimiento, cariño, consideración, aprecio, deseo de continuidad en la relación, etc. Un regalo no sólo refuerza el vínculo o lo hace más atractivo. Asimismo, el regalo corona un momento, un evento o un hecho.
Es por ello que el fin de año es la época tan tradicional para hacer regalos. El regalo ayuda a combinar tanto en la mente de quien lo hace como en la del agasajado estas expresiones simbólicas de sentimientos (agradecimiento, cariño, consideración, etc.) con el análisis particular del fin de un ciclo que se da naturalmente a fin de año.